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El dolor que no se cubre con miedo y no se cura con el tiempo

Dicen que el tiempo lo cura todo, pero para poder iniciar el duelo es necesario tener calma ante la muerte, para que llegue la resignación. 

“Vivir con Justicia en la Tierra para descansar en paz en el Cielo” dice el Requiem Kadish (letras del Rabino Marcelo Polakoff y música de Ángel Mahler), respecto de las víctimas de la AMIA, a quienes luego tristemente sumamos al fiscal Natalio Alberto Nisman (Z”L).

En la noche del 17 al 18 de enero de 2015 nos fue arrebatadoviolentamente, fue drogado, golpeado y asesinado en su propio departamento a pesar de contar con vigilancia del Estado, en un atentado que dejó pasmados a los miembros del Poder Judicial y aterrada a la población en general.

Porque marca un estado de situación en el cual la vida es frágil y nos deja a los ciudadanos completamente vulnerables. 

El loop reitera la violencia social en la Argentina que supimos conseguir. Y no sólo en nuestro país.

Es un aullido desgarrador que se reitera a lo largo del mundo y los años. Quien no recuerda más de una tragedia en la cual el Estado, a quienes los ciudadanos entregamos la potestad de la Seguridad, abusa del poder en contra de los mismos ciudadanos que son su esencia, su sostén y su misión. Cuántos Holocaustos hemos documentado, lloramos en ceremonias, enseñamos a nuestros hijos para que no se reiteren…

No hemos aprendido el límite.

La vida es un límite, tenemos que sostener la indignación ante la desaparición de personas, la crueldad intrafamiliar, la violencia de género, el perfeccionamiento de armas y virus letales… la cultura de la violencia, la romantización de la muerte, la idea de encumbrar un héroe a través de un chaleco lleno de explosivos o en un vuelo kamikaze.

La impunidad es parte del problema, cuando un virus se escapa de un laboratorio y desata una tragedia que aún hoy nos golpea, sin asumir la responsabilidad ni cooperar a la solución, estamos mal.

Estamos mal porque en los últimos años las naciones no se unieron contra la plaga letal.

Estamos mal porque no amamos al prójimo como a nosotros mismos (Levítico 19:17-18).

Estamos mal porque no perseguimos Justicia con la contundencia que deberíamos tener (“Justicia, justicia perseguirás” (Devarim 16:20).

Estamos mal porque Nisman era un perseguidor de Justicia y aún no hemos logrado esclarecer la fatídica noche en que vilmente fue golpeado y baleado, abandonado desangrándose en el baño de su departamento. 

Que será de nosotros si no reaccionamos ante la maldad. Qué, si no estudiamos, trabajamos y actuamos la bondad como los tres pilares en los cuales el mundo está sostenido (Pirkei Avot). 

Que será de nosotros si no orientamos la vida hacia su sentido profundo y elevado a la vez, de pasar por ella para mejorar el mundo (tikun olam). Que será si nuestros hijos no asumen el legado del diálogo por la paz, para elevar los espíritus por encima de las diferencias y las difiriencias.

La paz es un desafío impostergable y eterno. Si tu sillón te resulta cómodo estamos mal. En cada hogar espiritual, como un templo, los judíos dejamos un espacio sin revocar, porque el mundo no está completo y porque dos templos de Jerusalén fueron destruidos. No te sientas completo, no te veas intocable.

Pero miremos más allá de una comunidad. Miremos a la Humanidad como una sociedad entre hermanos que a veces se pelean y necesitan un papá que los ayude a reconciliarse. Mientras varios se matan para ser ese papá, naciones y fabricantes de armas y virus, Estados enemigos, déjennos vivir en paz. Amén.

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